viernes, 14 de diciembre de 2007
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HISTORIA ECONÓMICA DEL TRABAJO Y DE LAS RELACIONES LABORALES
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Asignatura optativa de la Licenciatura de Ciencias del Trabajo
Primer Cuatrimestre
Profesor: Dr. Andrés Sánchez Picón
Correo electrónico: aspicon@ual.es
Curso 2009-2010
HISTORIA ECONÓMICA DEL TRABAJO Y DE LAS RELACIONES LABORALES
(EL TRABAJO: SUS CAMBIOS ORGANIZATIVOS Y SU PAPEL EN EL DESARROLLO ECONÓMICO)
MATERIA OPTATIVA: 4,5 CRÉDITOS
CUATRIMESTRE: PRIMERO
PROFESOR: DR. ANDRÉS SÁNCHEZ PICÓN
OBJETIVOS
Analizar la evolución del trabajo y de las relaciones laborales desde una perspectiva histórica.
Evaluar los cambios en la organización del trabajo en función de las grandes etapas del crecimiento económico contemporáneo.
Contrastar los postulados teóricos de la economía laboral y la organización de empresas, con las experiencias históricas concretas.
Introducir al alumno en algunas de las pautas de la investigación sobre el ámbito de estudio.
Fomentar el debate y la participación de los alumnos en sesiones de seminario.
PROGRAMA SINTÉTICO:
1. EL TRABAJO: FACTOR DE PRODUCCIÓN. MERCADO Y RELACIONES LABORALES. EL TRABAJO EN LAS SOCIEDADES PREINDUSTRIALES.
2. EL TRIUNFO DEL MERCADO: LAS RELACIONES LABORALES DURANTE EL CAPITALISMO LIBERAL.
3. LA CRISIS DEL CAPITALISMO LIBERAL: LA NUEVA EMPRESA CORPORATIVA, LA APARICIÓN DE LA "CUESTIÓN OBRERA" Y LA ORGANIZACIÓN CIENTÍFICA DEL TRABAJO.
4. LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO DEL BIENESTAR Y LA ORGANIZACIÓN DE LAS RELACIONES LABORALES EN EL SIGLO XX.
5. LA CRISIS DEL ESTADO DEL BIENESTAR: GLOBALIZACIÓN Y SOCIEDAD POSTINDUSTRIAL.
6. EL MERCADO DE TRABAJO Y LAS RELACIONES LABORALES EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XX.
7. DESEMPLEO, SEGMENTACIÓN, FLEXIBILIZACIÓN Y DESREGULACIÓN: LOS NUEVOS CONDICIONANTES DE LA RELACIÓN LABORAL. GÉNERO, INMIGRACIÓN Y TRABAJO.
8. ESTUDIO DE UN CASO. MERCADO DE TRABAJO Y RELACIONES LABORALES EN ANDALUCÍA Y ALMERÍA.
METODOLOGÍA Y EVALUACIÓN
LA SESIONES SE ORGANIZARÁN A PARTIR DE LA COMBINACIÓN DE TEMAS EXPUESTOS POR EL PROFESOR Y DE SESIONES DE SEMINARIO Y DE TRABAJO DIRIGIDO EN TORNO A DOCUMENTACIÓN PREVIAMENTE DISTRIBUIDA ENTRE LOS ALUMNOS.. LA EVALUACIÓN SE HARÁ PONDERANDO LA PARTICIPACIÓN EN LOS SEMINARIOS Y LA ENTREGA DE LOS TRABAJOS PRÁCTICOS. NO OBSTANTE, SE MANTENDRÁ LA OPCIÓN DE UN EXAMEN FINAL SOBRE LOS CONTENIDOS DEL PROGRAMA
BIBLIOGRAFÍA
ARENAS POSADAS, C., FLORENCIO PUNTAS, A. y MARTÍNEZ RUIZ, J.I. Eds. (1998): Mercado y organización del trabajo en España (siglos XIX y XX). Sevilla.
ARENAS POSADAS, C. (2003). Historia Económica del Trabajo. Tecnos. Madrid.
BORDERIAS, C. et al. (1994): Las mujeres y el trabajo. Rupturas conceptuales, Icaria, Barcelona.
CHANDLER, A. (1988): La mano visible. La revolución en la dirección de la empresa norteamericana. MTSS, Madrid.
CHANDLER, A. (1996): Escala y diversificación. La dinámica del capitalismo industrial. Prensas Universitarias, Zaragoza.
COOPER, C.M. (1988): Economía, tecnología y empleo : el impacto del cambio tecnológico en el mercado de trabajo. Ministerio de Trabajo y SS. Madrid.
CORIAT, B. (1994): El taller y el cronómetro. Madrid. Siglo XXI.
DUNLOP, J. y GALESON, W. (1985): El trabajo del siglo XX. Ministerio de Trabajo y SS. Madrid.
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HOBSBAWM, E. J. (1987): El mundo del trabajo. Crítica, Barcelona.
MARTÍN, B. (1992): Los problemas de la modernización: movimiento obrero e industrialización en España. Ministerio de Trabajo y SS. Madrid.
MORENO FERNÁNDEZ, GÓMEZ URDÁÑEZ, GALÁN GARCÍA (2003): Materiales para la Historia de las Relaciones Laborales. Madrid. Tecnos.
MOULIER-BOUTANG, YANN (2007) : De la esclavitud al trabajo asalariado. Akal. Madrid.
PIORE, M. y SABEL, CH. F. (1990): La segunda ruptura industrial. Madrid. Alianza.
RECIO, A. (1997), Trabajo, personas, mercados. Manual de economía laboral. Icaria-Fuhem, Barcelona
RODRIGUEZ LABANDEIRA, M. (1991): El trabajo rural en España: 1876-1936. Anthropos, Barcelona.
RUIZ (2002): Historia social de España, 1400-1600. Crítica. Barcelona.
SAEZ LARA, C. (1994): Mujeres y mercado de trabajo. Las discriminaciones directas e indirectas. CES, Madrid.
SARASÚA, C. y GÁLVEZ, L.. (eds.) (2003): ¿Privilegios o eficiencia? Mujeres y hombres en los mercados de trabajo. Universidad de Alicante.
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SOTO CARMONA, A. (1989): El trabajo industrial en la España contemporánea (1874-1936). Barcelona.
TOHARÍA, L., comp. (1983): El mercado de trabajo: teoría y aplicaciones. Madrid.
VALDALISO, J.M. y LÓPEZ, S. (2000): Historia económica de la empresa. Madrid. Alianza.
WEBB, Sidney y Beatrice (1990): Historia del sindicalismo : 1666-1920. Min. T y SS. Madrid
jueves, 13 de diciembre de 2007
1) Liberalismo: http://docs.google.com/Presentation?id=dgs5t46f_11cvdqr2jq
2) Salarios en el siglo XIX: http://docs.google.com/Presentation?id=dgs5t46f_13crzjrjhh
3) Mano de obra infantil y empleo femenino en el XIX: http://docs.google.com/Presentation?id=dgs5t46f_146zx7c44r
4) La crisis del capitalismo liberal: http://docs.google.com/Presentation?id=dgs5t46f_15hntqjnhq
5) La OCT: http://docs.google.com/Presentation?id=dgs5t46f_18d5hd5fcd
6) Mercados de trabajo en la edad dorada del capitalismo: http://docs.google.com/Presentation?id=dgs5t46f_21cg9qm9dm
La mayor parte del contenido de estos esquemas está inspirado por el manual de C. Arenas.
martes, 11 de diciembre de 2007
- una clase para tratar el texto de Carlos Arenas.
-otra sesión para el de Castaño.
Os insisto en que miréis el enlace al "Estado del Bienestar". Los esquemas que hemos visto en clase se irán colgando en las próximas fechas.
Si no nos vemos antes, felices vacaciones.
Hay ejemplares suficientes en la biblioteca de la UAL.
martes, 4 de diciembre de 2007
Nuevo texto para comentar
Sobre el siguiente texto redacta un resumen y un comentario personal de no más de 7.000 caracteres (3 páginas).
Cecilia Castaño Collado
Catedrática de Economía Aplicada, Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado múltiples trabajos sobre empleo en la Era de la Información siendo una de las principales especialistas respecto al impacto en la mujer.
LA MUJER EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Tecnología, mujeres y empleo*
Todas las revoluciones tecnológicas destruyen puestos de trabajo en los sectores más maduros y tradicionales y por el contrario generan empleo en los sectores nuevos y más avanzados. Por tanto, una de las principales consecuencias de las tecnologías de la información sobre el mercado de trabajo es que los empleos que se crean son distintos de los que se destruyen. ¿Esos cambios favorecen o perjudican a las mujeres?. ¿Los empleos destruidos y los creados son masculinos o femeninos?.
Esta cuestión es importante porque los puestos de trabajo nunca se distribuyen de forma similar entre hombres y mujeres, como se comprueba cuando se observa la distribución del empleo por ramas industriales y de servicios o por ocupaciones cualificadas y descualificadas. Con frecuencia se interpreta que esta desigual distribución del empleo entre uno y otro sexo se debe a que las mujeres tienen menos disposición al trabajo, menos fuerza física.
Sin embargo hoy en día, lo que caracteriza a la forma de producir propia de la economía de la información es que la productividad y el crecimiento económico ya no dependen de la fuerza física ni de la aportación de mayores cantidades de factores de producción (recursos, mano de obra). Por el contrario, dependen esencialmente de lograr combinaciones de factores más eficientes basadas enEsciencia y tecnología, cualificación de la mano de obra e inversión en capital humano, calidad de la información y la gestión. En relación con todos estos factores la mano de obra femenina de hoy tiene mucho que aportar.
Hoy día el empleo tiende a concentrarse en actividades de manejo de información, tanto en la industria como en los servicios. Aumentan considerablemente las ocupaciones intensivas en información de alto nivel (directivos, profesionales y técnicos). Sin embargo también crecen, aunque en menor medida, las ocupaciones más descualificadas de los servicios.
Para el área de la OCDE estas tendencias de cambio del empleo se manifiestan como sigue:
1. En la industria, aunque el empleo total se reduce, los empleos de alta cualificación, directos e indirectos, siguen aumentando. En cambio, en los servicios, donde el crecimiento del empleo es fuerte y consistente, los empleos indirectos de baja cualificación (hostelería, servicios personales, comercio) han aumentado casi tanto como los indirectos de alta cualificación (servicios a empresas, servicios sociales).
2. La estructura de ocupaciones mejora en general, ya que se requieren más ocupaciones cualificadas y más años de estudios. Pese a estas tendencias, la mayoría de las ocupaciones siguen siendo de baja cualificación (dependiendo del país, entre dos tercios y tres cuartos del empleo).
3. Las categorías laborales que más crecen son los empleos temporales, a tiempo parcial y el autoempleo, que ya representan casi el 40 por 100 del empleo.
Economía de la información y posibilidades de empleo para las mujeres
Las diferencias en la distribución del empleo entre hombres y mujeres también están muy relacionadas con las características tecnológicas y organizativas del sistema productivo. El sistema industrial predominante a lo largo del siglo XX, y especialmente el sistema de organización fordista, constituye un mundo masculino en el que las mujeres no tienen lugar. Se las relega a tareas productivas poco cualificadas, marginales, minuciosas y tediosas, en definitiva mal remuneradas. Por el contrario, en la economía de la información, parecen abrirse más posibilidades para el empleo femenino.
El sistema tecnológico-organizativo anterior (Modelo Fordista) estaba diseñado pensando en mano de obra exclusivamente masculina y contenía en su seno limitaciones organizativas importantes para la incorporación de las mujeres al empleo:
La producción en cadena de montaje requiere esfuerzos físicos importantes, en entornos de trabajo peligrosos e insalubres, con turnos nocturnos que la legislación prohibía para las mujeres.
En este sistema las mujeres son consideradas como intrusas. Por ello, las reducciones de empleo afectan primero a las mujeres y después a los hombres. A menudo se presiona a mujeres casadas para que abandonen sus empleos en favor de hombres casados con el argumento de que éstos han de mantener una familia.
La combinación de puestos de trabajo descualificados con un sistema tradicional de categorías profesionales rígidas cuyos mecanismos de ascenso se basan en criterios de antigüedad en lugar de cualificación, afecta negativamente a la promoción profesional de las mujeres en las empresas. Las mujeres acumulan menos años de antigüedad que los hombres. En caso de igualdad de condiciones, es frecuente que se prefiera a un hombre.
La división extrema del trabajo, la estructura de empresa jerarquizada y piramidal, caracterizada por relaciones de disciplina (orden-obediencia) refuerza el sexismo en las relaciones laborales y en la promoción profesional. Un hombre puede sentirse incómodo, inseguro, si su jefa es una mujer. Las posibilidades de formación y de ascenso en la escala profesional se reservan para los hombres.
En resumen, las empresas típicas del modelo fordista, con enormes plantas productivas y grandes masas de trabajadores descualificados, constituyen un mundo masculino poco propicio para la consideración de las cualidades y condiciones específicas de las mujeres.
Frente a este sistema, lleno de barreras a la incorporación, permanencia y promoción laboral de las mujeres, en la economía de la información se abren nuevas posibilidades a favor del empleo femenino:
a) Aumentan los empleos en actividades de educación, formación y servicios a empresas. Estas son actividades en las que la presencia de mujeres es importante y está creciendo.
b) También aumentan los empleos de atención a personas. Además, en la mayoría de los casos esos servicios son proporcionados también por mujeres bajo condiciones asalariadas.
Asimismo, el sistema tecnológico-organizativo flexible de las tecnologías de la información ofrece condiciones de trabajo que facilitan la incorporación de mujeres a cualquier puesto de trabajo.
1) Las innovaciones que hacen desaparecer el esfuerzo físico y los empleos peligrosos, eliminan algunas de las excusas más frecuentemente utilizadas para evitar la incorporación de las mujeres a actividades y ocupaciones (minería, metalurgia, construcción) tradicionalmente asignadas a los hombres. Ello es especialmente importante para las mujeres con escasa cualificación.
2) El aumento de los requerimientos de cualificación también favorece el empleo de las mujeres con más formación. Las NTI requieren mano de obra autónoma, adaptable y con capacidad de reprogramar sus tareas (Seguros, Banca), con dominio del lenguaje y capacidad de comunicación.
3) El aumento de las tareas indirectas, la proximidad creciente entre puestos de trabajo directos (tradicionalmente masculinos) e indirectos (lugar laboral tradicional de las mujeres) también favorecen su incorporación en pié de igualdad.
4) La producción con TI requiere organización y horarios flexibles , así como tele-trabajo desde el hogar. Estos cambios pueden facilitar la incorporación laboral de las mujeres con responsabilidades familiares, así como la combinación de empleo, estudios y otras actividades que favorezcan la plena integración social de las mujeres.
5) Sin embargo, en un sistema de redes de empresas flexibles las relaciones laborales son más complejas e individualizadas. Esto puede afectar negativamente a las mujeres. En las relaciones de subcontratación entre empresas las condiciones de trabajo se deterioran en los empleos descualificados, donde es muy probable que la presencia femenina sea importante. Así, aumentaría el empleo femenino, pero empleo de condiciones precarias.
Características y evolución de la mano de obra femenina en España
En España la participación laboral femenina es más baja (38 por 100) que en los países de nuestro entorno debido a que muchos de los cambios económicos y sociales típicos de las sociedades desarrolladas (industrialización, transición demográfica y reducción de la natalidad; acceso de las mujeres a la educación; desarrollo del sector servicios y del sector público) han tenido lugar en nuestro país con cierto retraso y en un periodo más corto.
Sin embargo, una vez iniciado el proceso de incorporación, los cambios se desarrollan a toda prisa. En sólo dos décadas las generaciones femeninas más jóvenes se comportan de forma similar al resto de las europeas. Incluso se puede afirmar que las mujeres españolas se adaptan mejor que los hombres a los nuevos requerimientos de empleo: aumentan su formación más que éstos; son más flexibles.
-La tasa de actividad femenina ha crecido desde el 27,6 por 100 en 1977 al 38,1 por 100 en 1999 (casi once puntos más). En ese mismo periodo la tasa de actividad masculina se ha reducido en más de 12 puntos (por alargamiento del periodo de estudios y adelanto de la edad de jubilación).
-El aumento de la participación laboral femenina ha estado favorablemente determinado por la mejora de las credenciales educativas de las mujeres. Si en 1977 sólo el 8 por 100 de las españolas de más de 16 años habían finalizado estudios medios o superiores, en 1997 esa proporción asciende al 30 por 100.
-El cambio de actitud hacia la actividad económica es especialmente notable en determinados colectivos de mujeres:
Los grupos de mujeres en edades centrales de la vida laboral y familiar (25-54 años), (que han duplicado su tasa de participación, hasta el 60 por 100 en 1999).
Las mujeres con estudios universitarios (que han aumentado notablemente su tasa de actividad, del 64 al 75 por 100).
Las mujeres casadas, que ya no abandonan el mercado tras el matrimonio (su participación ha aumentado en 15 puntos porcentuales)
En cuanto al empleo, en España ha evolucionado de forma favorable a las mujeres en los últimos diez años. En las etapas expansivas las mujeres han protagonizado el crecimiento del empleo (especialmente en los servicios) mientras que en las recesivas las reducciones del empleo industrial han afectado más a los hombres. Y desde 1977 hasta hoy ha ganado casi un millón y medio de empleos, mientras que el empleo masculino se redujo ligeramente.
A finales de los 90 se pueden apreciar cambios favorables al empleo femenino:
-Los ocupados con estudios universitarios se reparten de forma casi igualitaria (52 hombres y 48 mujeres de cada 100) y lo mismo sucede con los asalariados públicos (52 hombres y 48 mujeres).
-Las mujeres han incrementado su presencia en casi todos los sectores económicos y ramas de actividad. Las ocupaciones típicas femeninas ganaron (entre 1987 y 1997) asimismo, más de dos millones de empleos, frente a una pérdida de más de 600 mil entre las consideradas masculinas.
-En tercer lugar, las ocupadas mejoran su nivel de estudios terminados, alcanzando especialmente títulos universitarios y de formación profesional. Además, las mujeres participan de este fenómeno con mayor intensidad que los hombres.
Otros cambios no son tan favorables:
-Su tasa de desempleo, pese a la reducción del paro, es del 23 por ciento, más del doble de la masculina (10 por 100).
-La presencia de mujeres en la categoría de empresarias es escasa (13 por 100 de las mujeres frente a 21 por 100 de los hombres)
-La incidencia de los contratos temporales entre las mujeres españolas alcanza el 35 por 100 (tres veces más que el valor medio en la Unión Europea). Por el contrario, a diferencia de otros países de la Unión, sólo 17 de cada cien mujeres realizan jornada a tiempo parcial.
La flexibilidad de la mano de obra femenina se refleja también en el plano remunerativo. Con datos de la Encuesta de Salarios de 1998, los ingresos femeninos suponen sólo un 76,5 por 100 de los que perciben los hombres.
Distribución del empleo femenino por ramas y ocupaciones. Un enfoque tecnológico
Las mujeres también han desempeñado el papel de protagonistas de los cambios de la distribución del empleo por ramas productivas:
-La mayoría de las ramas que han aumentado su presencia en el empleo son ramas femeninas (aquéllas en que el porcentaje de mujeres supera a su presencia media en el empleo, de 36,2 por 100 del total en 1999).
-Sólo tres ramas femeninas han perdido presencia en el empleo (Textil, Comercio y Servicios personales).
-Las mujeres han aumentado su participación muy significativamente en las ramas masculinas que crecen.
En conjunto, por tanto, las mujeres se han adaptado ventajosamente a los cambios estructurales, ya que se ven favorecidas por la generación de empleo allí donde se produce y menos afectadas que los hombres por la destrucción de empleos.
Esto podría interpretarse como que la mano de obra femenina se adapta mejor al cambio sectorial. Pero también confirma que su empleo depende, más que el de los hombres, de ciertas ramas (de servicios) actualmente en expansión laboral, mientras que existen barreras que dificultan su acceso a otras ramas (industriales)
Buena parte de estos cambios en la distribución por ramas se deben a la incidencia del cambio tecnológico.
La distribución del empleo por ramas revela una imagen del empleo femenino de carácter polarizado y segmentado. Esto es claro en el caso de la industria, con un porcentaje de mujeres igual o superior a la media del sector en las ramas de alta y en las de débil intensidad tecnológica (que concentran el 65 por 100 del empleo industrial femenino). Mientras que los hombres se concentran (59 por 100) en las industrias de intensidad tecnológica media. También se aprecia en los servicios, donde las mujeres superan en presencia a los hombres en Servicios sociales y Servicios personales, y los hombres a las mujeres en Servicios de distribución y Servicios a la producción.
Si consideramos la variación de la composición del empleo femenino entre 1987 y 1999. La posición de las mujeres desde el punto de vista tecnológico ha mejorado. Por una parte, la participación de las industrias de Intensidad Tecnológica Media en el empleo femenino crece considerablemente (nueve puntos). En consecuencia, descienden en importancia las de Intensidad Tecnológica Débil. Este resultado merece ser destacado. Aunque la industria en conjunto pierda presencia en el empleo femenino, lo pierde en las actividades menos avanzadas tecnológicamente (ocho puntos) y lo gana en las de carácter intermedio.
En cuanto a los servicios, las agrupaciones que más presencia han ganado en el empleo femenino son las de Servicios a la producción (los más intensivos en tecnologías de la información) y Servicios sociales (con empleo cualificado). En el extremo opuesto, Servicios personales (con escasa incidencia de las TI y de la cualificación) pierden más de seis puntos de incidencia en el empleo femenino mientras que mantiene su porcentaje en el masculino.
Estos primeros resultados resultan positivos para el empleo femenino Las mujeres parecen beneficiarse de sus habilidades y cualificaciones para acceder a aquellas actividades relacionadas con la información y ello se manifiesta en que progresivamente van aumentando su presencia en aquéllas ramas en las que el uso de dichas tecnologías y/o los requerimientos de cualificación son más elevados. y esto ocurre con más facilidad en los servicios que en la industria.
Desde el punto de vista de las ocupaciones, se ha de recordar que las tecnologías de la información se acompañan de complejos procesos de reestructuración de las empresas y los sectores. Esto puede significar, por una parte, mejora de las cualificaciones, y por otra polarización de la fuerza de trabajo.
En España, el cambio ocupacional ha favorecido a las mujeres. Como sucedía en la distribución del empleo por ramas, se puede afirmar que las mujeres se han adaptado bien al cambio de la estructura de ocupaciones, aumentando su presencia en numerosas ocupaciones que crecen (Profesionales, Operarios y No cualificados) y reduciéndola en las dos únicas que han decrecido relativamente (Cualificados del sector primario y Cualificados de la industria y la construcción).
Pero el cambio ocupacional se ha polarizado por género. Aunque las ocupaciones femeninas (definidas ahora en sentido estricto: aquéllas en que el 50 por 100 del empleo es femenino) han aumentado, se ha producido un aumento de la segregación por género: Cuatro ocupaciones se han convertido en femeninas (Profesionales, Administrativos, Cualificados de los servicios y No cualificados) mientras que otras tres han incrementado su grado de masculinización (Directores, Cualificados del primario y Cualificados de la industria y la construcción).
La polarización sugiere que existe una doble vía de acceso de las mujeres al empleo: la vía de calidad para las mujeres con estudios superiores y medios (a los que las mujeres dedican mayores esfuerzos que los hombres) y la vía de baja calidad para las mujeres no cualificadas, que conduce sobre todo a la ocupación de limpiadoras, que no es más que una continuación de las labores del ama de casa. La categoría de Limpiadoras agrupa el 13 por 100 del total, es decir, una de cada siete mujeres trabajadoras se dedica a tareas de limpieza.
Merece comentario especial el comportamiento del empleo femenino en la categoría de Directores. Por una parte la categoría de Directivas ha reducido su presencia en el empleo femenino. Esto es un dato negativo por sí solo. Además, la categoría de Directores incluye tanto a los directivos de empresa como a los trabajadores autónomos. El hecho es que el 65 por 100 de mujeres Directoras no son en realidad directoras sino Autónomas sin asalariados que se dedican al comercio o a la hostelería. Por el contrario el 65 por 100 de los hombres de esta categoría son Directivos o Empresarios con empleados a su cargo. Es decir, cuando son directoras en realidad no tienen a nadie a quien dirigir.
Las tecnologías de la información tienen una presencia más acusada, en general, entre los empleos indirectos que entre los directos. Y en las de alta cualificación frente a las de baja Las ocupaciones directas casi limitan la utilización de estas tecnologías a las categorías superiores de cualificación.
Desde esta perspectiva, las mujeres presentan una concentración mayoritaria en los empleos indirectos, en una relación de 70 a 30 respecto a los empleos directos. Por tanto, parece que existe una relación estrecha entre TI y empleo femenino, sustentada en el hecho de que, en la economía de la información -donde ésta constituye la principal fuente de generación de valor- pierden importancia otras cualidades como la fuerza o resistencia física.
Sin embargo, si se desagregan las ocupaciones según su nivel de cualificación (alta o baja), observamos que las mujeres tienen una presencia más acusada en las ocupaciones de baja cualificación que en las de alta. Tanto en las ocupaciones indirectas como en las directas, las mujeres se concentran preferentemente en los puestos menos cualificados. Así, en las ocupaciones indirectas, más relacionadas con las tecnologías de la información, el porcentaje de mujeres cuyas tareas consisten en introducir información (muchas veces para que la utilicen otros) es mayor (38 por 100) que el de las que la utilizan para su propio trabajo (32 por 100). En las ocupaciones directas la distancia es más acusada. Las ocupaciones no relacionadas con las TI (directos de baja cualificación) emplean a un 23 por 100 de las mujeres, frente a un escaso 7 por 100 en labores directas cualificadas, que utilizan de forma bastante activa las tecnologías de la información. En el caso de los hombres sucede lo contrario. Tanto en los empleos indirectos como en los directos se concentran más en los de alta cualificación (27 y 31 por 100) que en los de baja (16 y 26 por 100).
En resumen, el análisis desde el punto de vista de las ocupaciones presenta una imagen menos positiva del empleo femenino que la obtenida en la perspectiva por ramas:
Las mujeres han mejorado su presencia en el empleo a costa de concentrarse en ciertas ocupaciones, alejándose de la distribución más equilibrada que muestra el empleo masculino, y ello ha contribuido a aumentar la segregación.
Por otra parte, el empleo femenino está más polarizado que el masculino. En las ocupaciones de alto nivel aumenta su presencia especialmente en Profesionales y en las más bajas en No cualificados. A pesar de que las mujeres más cualificadas, que se sitúan en la parte alta de la estructura ocupacional, no han alcanzado una posición igualitaria en las tareas directivas.
Aunque las mujeres se dedican con más frecuencia que los hombres a las ocupaciones indirectas (relacionadas con las TI) su presencia se concentra en labores subalternas.
Por el contrario en los últimos doce años son los hombres los que están escalando posiciones y aumentando su presencia en las labores más cualificadas a costa de las mujeres.
¿Por qué las mujeres ocupan posiciones subordinadas? ¿Qué elementos dificultan la igualdad entre uno y otro sexo?
El término mujer no comporta una identidad de género única desde el punto de vista del empleo. Las mujeres, al igual que los hombres, tienen distintos niveles de cualificación y experiencia. El mercado valora muy positivamente la formación reglada o académica de las mujeres, y en cambio hace una valoración negativa de su experiencia (la edad influye negativamente en el salario). En el caso de los hombres ocurre al contrario: se valora mucho la experiencia y la formación en el puesto de trabajo y menos los estudios.
La principal barrera que dificulta el acceso femenino a los puestos de responsabilidad está en el escalón previo a dichos puestos, es decir, en el acceso a los procesos de formación que habilitan para cargos superiores. Dicho acceso es más difícil para las mujeres porque los jefes desconfían de que puedan abandonar las empresa por razones familiares (hijos, traslado del esposo a otra ciudad), perdiendo la empresa los beneficios de la formación. Asimismo, en muchos casos el embarazo supone el despido o, de forma más sibilina, el traslado a una ciudad lejana, de manera que se provoque el abandono de las empresa.
CONCLUSIONES
La sociedad de la información supone la modificación de buena parte de los parámetros que hasta ahora definían la organización de la actividad laboral en las empresas y en el mercado de trabajo.
Las mujeres españolas han realizado un gran esfuerzo para adaptarse a los nuevos requerimientos del sistema productivo: Han mejorado sus niveles de formación. Son más flexible que los hombres Están superando con rapidez los principales condicionantes que fundamentaban la desigualdad laboral por sexo. En definitiva, cada vez son menos los argumentos teóricos que quedan en pie para justificar la persistencia de diferencias laborales basadas en el sexo.
Sin embargo todavía persiste una clara división sexual de las ramas productivas en masculinas y femeninas.
Desde el punto de vista de la estructura de ocupaciones, la situación es todavía más preocupante:
-En aquellos sectores donde la mujer irrumpe con fuerza, desarrolla con frecuencia tareas de rango subordinado y participa muy poco en las decisiones de alto nivel.
-Además, la discriminación entre uno y otro sexo por ocupaciones y puestos de trabajo ha aumentado considerablemente.
Así, la sociedad de la información ha posibilitado que las nuevas decisiones de participación laboral de las mujeres se traduzcan en una mayor presencia en la estructura sectorial, pero en cuanto al acceso a puestos y ocupaciones concretos, se está profundizando el tradicional sesgo existente entre puestos masculinos y femeninos.
* Breve resumen de la conferencia impartida sobre este mismo tema en el Simposio sobre El Trabajo en la Era de la Información, Barcelona, 29 de Mayo de 2000.
Chandler
. Chandler, A.D. (1987): La mano visible. La revolución en la dirección de la empresa norteamericana. Ministerio de Trabajo.
. Chandler, A.D. (1996): Escala y diversificación. La dinámica del capitalismo industrial. Prensa Universitaria. Zaragoza.
Principios teóricos:
a) Teoría de los costes de transacción (R. Coase).
b) La coordinación administrativa (la mano visible)
c) Economías de escala e incremento de la productividad.
d) Profesionalización de la función directiva: revolución gerencial.
e) Estretegias de integración (Oliver E. Williamson)
f) Teoría de la agencia (Alchian y Demsetz)